—¿Hija…? ¿De verdad crees en él?
La voz de Valentino sonó mucho más suave esta vez.
Después de toda la tensión, de las armas, las amenazas y las mentiras descubiertas, aquella pregunta no llevaba furia. Llevaba preocupación. La preocupación genuina de un padre que temía ver a su hija destruirse por amor.
Lilith levantó lentamente la mirada hacia él.
Sus ojos seguían húmedos por el llanto, pero había algo firme en ellos. Algo decidido.
Asintió despacio.
—Sí, papá… creo en él.
El silencio llenó la