Dominic había llegado.
Y estaba desesperado.
El auto avanzaba a toda velocidad por la carretera mientras él apretaba los puños con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos. Apenas podía respirar con normalidad. Su mente solo repetía una cosa una y otra vez: Lilith. Necesitaba verla.
Necesitaba encontrarla antes de que fuera demasiado tarde. El miedo lo estaba devorando vivo.
Porque conocía a Alexander Belmont. Conocía su odio enfermizo.
Y sabía perfectamente que, si Alexander es