Alexander hizo que Lilith entrara lentamente a la habitación. Ella cruzó la puerta sin sospechar absolutamente nada.
¿Por qué sospecharía?
El hombre frente a ella tenía el mismo rostro que Dominic. La misma voz. La misma altura. Incluso el mismo perfume suave que tanto había extrañado durante esos días interminables de angustia.
Para Lilith… era él. El hombre que amaba.
La puerta se cerró detrás de ellos con un sonido seco.
Entonces ella lo vio caminar. O más bien… cojear.
Su sonrisa desapareció