Alyna negó de inmediato, sacudiendo la cabeza con fuerza, incapaz siquiera de procesar la acusación que acababa de caer sobre ella como un golpe.
—No… yo no…
Pero sus palabras no tuvieron peso.
Carlo ya estaba dominado por la rabia.
Sin escuchar, sin pensar, actuó.
Sacó a Marisol de la piscina con rapidez, sosteniéndola con firmeza entre sus brazos, y al alzar la mirada hacia Alyna, sus ojos ardían de furia.
—¿Cómo pudiste empujarla por celos?
Aquella acusación fue como una sentencia. Alyna sint