Los meses pasaron con una lentitud extraña, como si el tiempo mismo se hubiera vuelto más pesado. La vida de Lilith cambió en cada pequeño detalle: su cuerpo, su respiración, sus noches de insomnio y esa mezcla constante entre miedo y emoción que solo puede entender alguien que está a punto de convertirse en madre.
Dominic no se separó de ella en ningún momento. Había aprendido a reconocer sus silencios, sus gestos de dolor, sus momentos de calma frágil. Sin embargo, nada lo había preparado para