Dos días después, la vida de Lilith comenzó a acomodarse en una nueva rutina que, aunque agotadora, estaba llena de una calma casi milagrosa.
Por fin había regresado a casa junto a su bebé, y el ambiente que la rodeaba parecía distinto, como si cada rincón hubiera adquirido un significado más suave, más humano.
Sus padres no podían ocultar su felicidad. Desde el momento en que llegaron, el pequeño se convirtió en el centro de todo.
Su madre lo cargaba con ternura infinita, meciéndolo con cuidado