Dominic caminó con paso firme por el pasillo del bar, dejando atrás la zona principal donde la música, las risas y el alcohol seguían su curso como si nada importante estuviera ocurriendo.
El contraste entre el lujo superficial del lugar y lo que se ocultaba en sus entrañas era evidente.
Allí, en la parte más privada del edificio, se encontraban las habitaciones reservadas para situaciones discretas, negocios que no debían ser escuchados y presencias que no debían ser vistas.
Su expresión era im