El beso se detuvo de golpe, como si ambos hubieran cruzado una línea invisible que ninguno se atrevía a reconocer.
Lilith lo miró fijamente, con el pecho agitado, mientras luchaba por liberar sus manos atrapadas entre la fuerza firme de aquel hombre. Su respiración era irregular, no solo por el forcejeo, sino por la intensidad de lo que acababa de suceder.
Él, en cambio, parecía completamente en control.
Sonreía.
Una sonrisa tranquila, casi provocadora, como si todo aquello no fuera más que un j