—¿Marisol? —la voz de Valentino, profunda y autoritaria, llegó desde el otro lado.
Marisol abrió la puerta de golpe, impulsada por una mezcla de alivio y desesperación.
Al verlo allí, impecable a pesar de la situación, no pudo evitarlo: se lanzó a sus brazos. Valentino la recibió y la estrechó contra su pecho por un instante, no supo que sintió, solo su corazón latiendo fuerte.
—Tranquila —murmuró él—. Esos tipos no las molestarán más.
—Papito, tenemos miedo —dijo Lilith, estirando sus brazos ha