Marisol sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda al escuchar aquellas palabras, un temor que no había sentido en mucho tiempo. Su corazón latía con fuerza, como si quisiera advertirle que el momento que estaba por vivir cambiaría todo.
Sin embargo, Valentino permaneció firme, erguido. Sus ojos se clavaron en Carlo con una intensidad que parecía atravesarle el alma.
—¿Una prueba de paternidad? —dijo Valentino con voz firme, sin un atisbo de duda—. Hagámosla. No tengo miedo, no tengo nada