En la comisaría, el tiempo parecía moverse de una forma extraña, lenta y espesa, como si incluso el aire estuviera contaminado por los errores y secretos que habitaban entre esas paredes.
Eliana permanecía sentada, con la mirada fija en un punto inexistente, aparentemente ausente, pero en realidad completamente consciente de todo lo que la rodeaba.
No había desesperación en su rostro. No había miedo.
Solo una calma inquietante… y una satisfacción que no se molestaba en ocultar.
Para cualquiera q