Marisol lo supo en cuanto vio la copa.
No necesitó pruebas, ni palabras, ni siquiera una confirmación directa. Había algo en la mirada de Jenny, en esa sonrisa torcida, en la forma en que sostenía el cristal… que gritaba trampa.
Pero no lo demostró. Al contrario. Sonrió.
Tomó la copa con elegancia, como si nada ocurriera, como si no hubiera detectado el peligro escondido en ese gesto aparentemente inocente. La llevó a sus labios y fingió beber, apenas inclinando el vaso lo suficiente para que pa