Cuando el doctor finalmente salió de la sala de urgencias y les confirmó que Lilith estaba fuera de peligro, Marisol sintió que el aire regresaba a sus pulmones. Había estado conteniendo la respiración sin darse cuenta, atrapada en una angustia que le oprimía el pecho. Sus manos temblaban levemente, y al escuchar aquellas palabras, una oleada de alivio recorrió todo su cuerpo.
—Está bien —había dicho el médico—. Solo fue una herida superficial. Ya la limpiamos y la suturamos. Puede verla.
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