Valentino llevó a Lara entre sus brazos, la llegó a la camilla de la habitación, sin decir una palabra.
Su rostro estaba endurecido, su mirada fría, y cada paso que daba parecía cargado de una tensión contenida que podía estallar en cualquier momento.
Lara, por su parte, fingía estar inconsciente en la camilla, aunque en su interior hervía de rabia.
La doctora los recibió con evidente molestia. Su mirada se posó en Lara con desconfianza, como si ya supiera lo que estaba ocurriendo. Sin perder t