Lilith se sintió tan feliz que por primera vez en muchos días pudo respirar con tranquilidad.
Dominic iba a volver.
Esa sola idea llenó su pecho de esperanza.
Mientras acariciaba suavemente su vientre, imaginó cómo sería verlo entrar por la puerta, abrazarla y decirle que todo estaría bien. Que ya no tendrían que esconderse. Que nadie volvería a separarlos.
Las lágrimas llenaron sus ojos.
Pero esta vez no eran lágrimas de dolor.
Eran lágrimas de alivio.
Bajó rápidamente las escaleras buscando a