Marisol rompió el beso con un impulso que le hizo temblar el cuerpo y dio un paso atrás. Sus ojos lo buscaron con mezcla de indignación y deseo, y su voz salió firme, aunque cargada de nervios:
—¡No me beses, Valentino! No… no cuando vienes de verla a ella.
Valentino la observó con esa intensidad que siempre la desconcertaba, la sonrisa ladeada en sus labios haciéndola sentir un calor incómodo y a la vez imposible de ignorar.
—¿Estás celosa, Marisol? —preguntó con tono provocador, dejando que la