Marisol salió al jardín de la mansión, sintiendo cómo el peso de la noche la aplastaba.
Sus pasos eran lentos, arrastrando el cansancio de tantas horas de reuniones, decisiones y conflictos que parecían no tener fin.
Necesitaba un poco de aire fresco, algo que despejara la mente y calmara el torbellino de emociones que no dejaba de girar en su pecho.
Alzó la vista hacia el cielo nocturno: un manto de estrellas brillaba intensamente, y un ligero viento movía suavemente su cabello, acariciando su