Mientras tanto, en la iglesia, la tensión era casi tangible.
Las bancas estaban alineadas, las flores blancas y rosas perfumaban el aire, y los invitados murmuraban entre ellos, preguntándose cuándo llegaría el novio.
Anabela, con su habitual porte severo pero elegante, se encontraba al frente, ajustando nerviosamente el mantel del altar, mientras su corazón se aceleraba con una mezcla de orgullo y ansiedad.
Junto a ella estaban Carlo y Eliana, ambos intentando mantener la calma mientras observa