Valentino luchó con todo lo que tenía.
Desde el primer golpe entendió que aquello no era una simple pelea, ni una coincidencia dentro de una celda compartida.
Había intención, había odio, y sobre todo, había un mensaje claro detrás de cada puñetazo que caía sobre su cuerpo.
Aun así, no se rindió.
Respondió como pudo, esquivando algunos ataques, devolviendo otros, resistiendo con una determinación que nacía de algo más profundo que la fuerza física.
Pensaba en su hija. En Marisol. En la vida que