—¡Basta, Lara! —exclamó Valentino, con un tono que no admitía discusión, sus ojos oscuros fijos en ella—. Me casaré con Marisol. No te metas en mis decisiones.
Lara permaneció inmóvil, la respiración entrecortada y las lágrimas rodando por sus mejillas.
Sus manos temblaban ligeramente, mientras un nudo de frustración y dolor se formaba en su pecho. Intentó decir algo, suplicarle, pero Valentino no le dio oportunidad alguna.
Sin una palabra más, se giró y salió de la habitación, dejando un silenc