Mundo ficciónIniciar sesiónSer multimillonario es fácil, ser empresario es fácil. ¿Qué es difícil? Lidiar con tu familia. Easen Mherp, empresario dedicado a su empresa y familia. La vida lo premió con belleza, inteligencia, astucia y un infinito cariño hacia sus hermanos. La arrogancia tampoco faltaba ¿Qué no le dieron al nacer? Paciencia. Kathy Hansen, mujer pícara, soñadora y con una sonrisa de mil voltios. La vida la premio con humildad, paciencia y cariño para todos. Para ella el dinero va y viene y lo único que queda es el amor que repartiste durante tu vida. ¿Qué une a estos dos polos opuestos? Una noche casual, alcohol y el destino.
Leer másLa tarde en Roma transcurría como cada sábado, agitada y llena de personas apresuradas por llegar a sus destinos. En una de las calles de la ciudad, no tan céntricas, una joven corría por el costado mientras extendía su mano desesperadamente.
—¡Taxi…! ¡Taxi…! —hacía señas con impaciencia en medio de la calle—. ¡Taxi…! ¡Taxi…! El hermoso vestido largo de flores que llevaba hacía que su figura alta y esbelta destacara en medio de la calle. Su larga cabellera roja caía en bucles sobre su espalda, volando libre con el aire vespertino. Movía ambos brazos en su empeño por detener un auto, mientras sus inquietos ojos verdes se empañaban por las lágrimas que no podía contener. Ese mensaje la había dejado atónita. Años de relación se habían desmoronado en un instante. No podía creerlo. Pero si realmente era cierto, necesitaba enfrentarlo antes de que fuera demasiado tarde. —¡Taxi…! ¡Taxi…! —gritaba casi en medio de la calle al ver cómo un auto se acercaba. Al fin logró que el taxista se detuviera, quien le preguntó al verla tan agitada: —¿Adónde la llevo, señorita? ¿Tiene una emergencia familiar? —Lléveme urgente a la catedral Santa Catalina —le pidió ella mientras entraba a toda prisa y se acomodaba en el asiento trasero del auto—. Por favor, puede darse prisa, le pagaré más. —¿A la catedral? —preguntó el conductor, asombrado al verla limpiarse las lágrimas que se le escapaban disimuladamente—. ¿Llega tarde a la boda de su amiga? —Sí, eso mismo, muy tarde. Pero apúrese, por favor, no puedo llegar tarde —insistió ella, mirando el reloj con impaciencia—. Le pagaré más si llega lo antes posible, no está tan lejos, por favor, ¡dése prisa! El conductor no preguntó más, puso en marcha el auto y salió a toda velocidad hacia su destino. Al fin llegaron en menos de diez minutos. —Listo, señorita, está aquí —anunció el conductor, extendiendo la mano hacia ella, que rebuscaba con nerviosismo en su monedero, sacando el dinero. La joven bajó del taxi y le pagó al chofer apresuradamente por la ventanilla delantera. Luego, salió corriendo lo más rápido que pudo, subiendo la escalinata. Tres hombres vestidos de negro, con gafas oscuras, hablaban entre sí, medio ocultos cerca de las columnas. Ella apenas los notó; ¿qué más daba quién estuviera allí? Su mundo estaba a punto de romperse en pedazos. Ellos se miraron entre sí, señalando a la extraña, luego giraron a ver al que parecía ser su jefe, que negó con la cabeza, indicando que la dejaran seguir. La joven, sin percatarse de nada, terminó de subir la escalinata, abrió de un tirón la puerta de doble hoja, que sonó con un golpe seco, lo suficientemente fuerte para que todos los participantes de la boda giraran la cabeza para verla. Pero ella, ignorando a todos, con la vista fija en la pareja frente al altar, siguió corriendo hasta el final del pasillo ante los ojos expectantes de todos y gritó con todas sus fuerzas: —¡¿Cómo puedes hacerme esto?! ¡Por eso llevabas dos años comprometido conmigo, dándome largas sin quererte casar! ¡Tenías a otra, desgraciado! Y sin más, se quitó un zapato y lo lanzó con todas sus fuerzas, dándole en la frente al novio justo cuando este se giraba al escucharla para verla. Al mismo tiempo, el hombre recibió una fuerte bofetada de su prometida, que se quitó el velo y el anillo de compromiso furiosa, se los lanzó y salió llorando de la iglesia, seguida por su padre, no sin antes este último darle un enorme puñetazo al novio, que cayó a los pies de la chica, quien lo miró y dijo: —¡Ups! ¡Me equivoqué! No eres mi prometido. Luego, hizo ademán de marcharse, pero el novio se puso de pie, la tomó de la mano, recogió el velo y el anillo de compromiso y le habló al oído: —¡Si te mueves, te mato aquí mismo! —dejando que ella viera el arma que portaba en su cintura. A continuación le puso el velo en la cabeza a la chica, que no sabía qué hacer, aterrada, mirando ahora a su alrededor donde todos la observaban con curiosidad y cierta amenaza. Al terminar de colocarle todo, la posicionó a su lado frente al padre y ordenó con voz fuerte y sonora: —¡Siga la ceremonia, padre, no importa quién sea la novia! ¡Yo tengo que salir casado hoy de esta iglesia! —Luego se inclinó sobre ella de nuevo, que temblaba asustada, y le dijo al oído:—¡Estás muerta si dices que no! ¡Pero no solo tú, mataré a toda tu familia! ¡Tú hiciste esto! ¡Me querías, aquí me tienes! ¡Hazte responsable de lo que has hecho! La amenaza la golpeó como un cubo de hielo sobre la piel. Ese no era un hombre cualquiera. Su mirada, su actitud, era atemorizante; sabía que no estaba bromeando. ¿Cómo había acabado así? Un segundo gritándole a un traidor, y al siguiente, casándose con un completo extraño que parecía capaz de todo. Lo miraba aterrada, intentó soltarse de su agarre, pero volvió a ver el arma en su cintura y se quedó quieta, asintiendo a todo lo que le preguntaban. Al final, él la besó y se la llevó rumbo a una limusina que los esperaba, rodeada de hombres en trajes y armados. Al entrar en el auto, ella se sentó lo más alejada posible, miró al hombre que no decía nada, la ignoraba por completo hasta que se detuvieron y le hizo señas de que bajara. Se introdujeron en una tienda de novias y la vistieron con un hermoso vestido, la peinaron y maquillaron. Todo esto en absoluto silencio. Volvieron a montarse en la limusina y se dirigieron a donde los esperaban los invitados de la boda, en una lujosa residencia. Se introdujeron en ella, se bajaron y caminaron uno al lado del otro hasta entrar a la casa, dirigiéndose a una habitación; él se sentó, siempre mirando su teléfono. Y sin mirarla, le preguntó: —¿Cómo te llamas? —Lilian…, Lilian Caleri Pagani, señor —balbuceó ella, aterrada. —Mi nombre es Alessandro Minetti. Para ti, señor Minetti. Tu esposo por exactamente tres años. Al cumplir ese periodo, nos divorciaremos y te daré una buena cantidad de dinero. Vivirás el resto de tu vida sin preocupación —habló sin mirarla, fríamente, como si ella no tuviera voto en el asunto. —Pero señor Minetti, ¿cómo me pudo hacer esto? —se atrevió al fin la joven a preguntar. Y al ver cómo no levantaba la mirada, agregó con un poco más de valor:—¡Yo estoy comprometida hace dos años, estoy planificando mi boda! ¡Definitivamente no puedo aceptar eso que me dice! Pero al ver cómo levantaba la mirada de su teléfono para observarla, se quedó callada, aterrorizada. —¿Por qué me culpas a mí? ¡Fue tu error, asúmelo y pospón tu matrimonio! A ver, ¿cómo fue que dijiste? ¡Ups, me equivoqué! —Eran sus propias palabras, pero en los labios de él, sonaban como una sentencia de muerte. Ella no lo sabía todavía, pero esa boda lo cambiaría todo. Nadie irrumpe en la vida de Alessandro Minetti sin pagar un precio.—¿Qué estamos festejando?—preguntó Kathy, ya que fue Easen quien la había invitado "casualmente" a una cena. Y no, Easen Mherp jamás haría algo casual en su vida—. ¿Hay algo de lo que me perdí?Realmente no, y ella lo sabía perfectamente, después de todo había sido ella quien descubrió esa caja pequeña en el bolsillo del pantalón de su esposo cuando estaba lavando la ropa. Entonces tenía una fuerte sospecha del motivo de la repentina cita.—¿Por qué? ¿Acaso necesito una razón para invitar a mi propia esposa a una cita?Kathy ya conocía esa sonrisa, no es una verdadera, la usa como una máscara ante las personas, pero con ella no funcionará, lo conoce hace más de un año por lo que su propia caja pequeña de terciopelo le comenzó a ser pesada en su bolso de mano. Dijo que tomaría las riendas de la situación en sus propias manos, que ella tenía que hacer algo por sí misma. Entonces, ¿Porqué sentía que iba a vomitar de los nervios?—Claro que no, es solo que la fase de cortejo natural que s
Ambos se tomaron de las manos por encima de la mesa, sin importarle las miradas en shock de los periodistas, desde que entraron en la sala de conferencias habían llamado la atención y peor aún cuando trajeron al carrito a un lado.Dyson quien está sentado a un lado de la pareja, asintió hacia ellos para darles a entender de que puede comenzar con la entrevista.—Pido silencio por favor a toda la sala—la gente se detuvo de sacar fotos—. El CEO, Easen Mherp va a decir algunas palabras y a explicar el motivo por tan acelerada reunión.—Buenos días a todos, para los que no me conocen, me presento: Soy Easen Mherp, CEO actual de la empresa Mherp'S que guio y administro con mis hermanos menores Almer y Argo Mherp. Les he convocado a esta reunión de imprevisto porque quiero aclarar muchos puntos que han sido malentendidos y desafortunadamente propagados por ustedes mismos.Miró a su esposa y luego al público presente.—Ya la conocen, tiempo atrás la habían descubierto conmigo y sí, es mi esp
Kathy está que se come las uñas de sus diez dedos. Sigue deslizando la pantalla frenéticamente, leyendo los comentarios del artículo en tiempo real.//Seguramente es cierto, lo supe desde el momento en el que apareció en esas fotos de la televisión. Siempre es lo mismo con los millonarios, idiotas que les son infieles a sus esposas siempre lo hacen por sentirse culpables//Otro comentario de otra persona desconocida.//De todas formas ¿Por qué un millonario alfa excesivamente dominante se casaría con una mujer prácticamente nadie? Ja, ja, ja, yo también iría por las altas, concordando con mi estatus//Se mordió el labio, bajando más, siguiendo el hilo de los comentarios.//Si yo fuera Amanda, también lo haría ja, ja, ja////Si soy, ja, ja, ja////X3//Suelta el celular en el asiento, totalmente afectada.¿Qué si es real?Incluso si fuera real, es algo que ya pasó una vez. Él es un multimillonario, dueño de hasta el mismísimo país y ella es…Buena en idiomas muertos y en pintar cuadros
Las malditas fotos jamás terminan, las sesiones tampoco. Que flojera impresionante.Easen aprovecha que está sentado con los ojos cerrados, disfrutando extrañamente la sensación de la brocha de maquillaje al ser pasada por su rostro para recapitular. El hombre encargado, el que lo está maquillando para la siguiente sesión tiene una increíble destreza y una mano muy delicada. Nunca tuvo a ninguna persona tan cerca de su rostro y menos para que le esté aplicando algún tipo de maquillaje para que su rostro no brille demasiado en la cámara. ¿Quién lo hubiera pensado? Incluso podría reírse si es que no estuviera pensando tanto las cosas.El maquillador tiene que cerrar la boca con fuerza para evitar chillar de la emoción. Es la primera vez que le toca maquillar a un personaje tan influyente e importante como ese CEO.Es incluso más atractivo de cerca. ¿Cómo el CEO puede ser así de apuesto? Su compañera de vida tiene mucha suerte…Easen abre los ojos a pedido de su maquillador. Su celular c
Último capítulo