Capitulo 7

Terminaron la cena en un muy tenso silencio.

—¿Y bien Amanda?

Amanda suprimió una sonrisa tomando un sorbo de su bourbon.

 La señora Merph nunca la había tratado como la hija de su amiga y menos como la amiga de infancia de su hijo, sin embargo, ¿Ahora venía a decir ésto? Que gracioso es el karma.

—Señora Merph, ¿Se da cuenta de lo que está diciendo? ¿De lo que me está pidiendo?

La señora Merph, una mujer muy orgullosa, levantó la barbilla.

—No es la gran cosa. Sólo te estoy pidiendo que des a luz a mi primer nieto.

Una corriente de satisfacción pasó rápidamente por su espalda. Si Amanda jugaba bien sus cartas y elegía con cuidado sus palabras, pronto se convertiría en la persona más poderosa del país, invencible, imperturbable.

—No puedo hacerlo si no tengo un anillo en mi dedo, lo sabe perfectamente ¿Verdad?

Una mueca apareció en su rostro. Eso no lo había pensado.

Ante su silencio, continuó.

—Debo casarme con su hijo si quiere que traiga un heredero al mundo. Tan sólo imagínese el desastre que se armará si sale a la luz que el primer nieto y heredero de la familia Merph es un bastardo. Un bastardo que se concibió fuera del matrimonio.

Una vena comenzó a palpitar en su cuello. Amanda era más astuta de lo que la Sra. Merph quería aceptar.

—Sé que eres inteligente, querida. Te las apañaras para convencer al terco de mi hijo—Y antes de que Amanda pudiera decir algo más, la mujer mayor continuó—. Tienes una cita con él el próximo fin de semana, a las 7. No llegues tarde, que la impuntualidad es de vagos.

Sin dejar que conteste de nuevo, se puso de pie, abrió la puerta en una clara señal. "Ya he terminado contigo"

Apretando los dientes, Amanda recogió su bolso y cuando pasó a su lado susurró:

—Esto no se va a quedar así.

Azotó con fuerza la puerta.

El señor Merph quien estuvo en la cocina todo el tiempo escuchando su conversación, salió al encuentro de su esposa.

—No sé qué exactamente estás pensando —la abrazó y recostó el mentón en su cabeza—. Pero espero que sepas lo que haces. 

—Yo también lo espero.

Recostó su cabeza, escuchando el corazón de su amado latir.

—Easen no te lo perdonará.

—Lo sé, lo sé, pero también sé que es momento de que tome su vida y sea feliz. Como madre simplemente me encargo de darle un pequeño empujón para que vuele.

—¿Segura?

—Es el incentivo que le faltaba. Ahora sólo debemos sentarnos y esperar a que las piezas caigan en su lugar.

—A veces no sé si me causa más admiración o temor.

La señora Merph rió y le dió un pequeño beso.

—Ambos, querido, ambos. Es lo que te atrajo de mí.

—Eso no lo voy a discutir—frotó los brazos de su esposa y contestó —. Es hora, Easen llegará en cualquier momento.

(...)

Dos semanas pasaron volando, semanas que Kathy aprovechó al máximo para esforzarse el doble y terminar las pinturas en el menor tiempo posible. También la ayudó el hecho de dormir 2 horas al día y tomar energizantes como si fueran la solución a los problemas de la vida.

Recorría calles, museos, parques, etc. Cualquier lugar concurrido era una buena opción para la venta de sus cuadros.

No había recibido noticias de su marido y aunque prometió estar en contacto, Kathy lo entendía, ya que vió en las noticias que estaban en épocas de publicidades, promociones y esas cosas, por lo que suponía que las cosas iban muy ajetreadas en el trabajo.

Estaba en el parque guardando las pinturas que sobraron cuando recibe una llamada. ¡La tan esperada llamada!

—¿Kathy?

—¡Ara! ¿Cuánto tiempo? 

—¡Menos mal que si era tu número!—escuchó su risa revolotear al otro lado de la línea —. Temía haber anotado mal un número y no poderte contactar nunca.

—Oh, sí, no pude ir más al restaurante—Kathy se sentía culpable, estuvo tan concentrada en ganar dinero que olvidó por completo a la pequeña adolescente —. El trabajo, ya sabes cómo es…

—Oh, no te preocupes. Dímelo a mí. Lo bueno es que mi madre ya ha pasado por aquí y me ayuda mucho.

—¿Ya pasó por el restaurante?

—¡Oh sí, cierto, lo olvidaba! ¡Es para eso que te llamaba! A mí madre le encantó el cuadro, así que pide que pases por el restaurante hoy para hablar cara a cara.

—¡Eso suena muy genial!

—No olvides traer más muestras de tu arte, por favor. Y gracias, Kathy.

—¡Lo haré! Gracias a ti, cariño.

Colgó e inmediatamente comenzó a contar cuántos cuadros le sobraban. Uno, dos, tres…diez. Tenía 10 cuadros y eran más que suficientes para mostrar su estilo, así que contenta porque no tiene que volver a pasar por su casa, se dirige rumbo al restaurante.

Hay muchísima más gente que la última vez que estuvo dentro y se alegró muchísimo por Ara. Eso demostraba que a pesar de ser muy joven, la adolescente hacía un excelente trabajo mientras su madre no estaba.

—¡Kathy!

Un brazo se agitaba al fondo del restaurante, en una mesa apartada de las demás.

—¿Ara? ¿Cómo estás?—besó sus mejillas y tomó asiento—. ¡Veo que el restaurante tiene éxito!

Ara ríe contenta y sonrojada.

—Si, es lo que me pone más feliz. Muchos son clientes regulares pero en estos días el flujo de personas ha aumentado gracias a ti.

—¿Por mi?—Kathy no entendía—. ¿Qué quieres decir?

Ara señaló una parte de la pared que Kathy no había visto y su mandíbula cayó al piso.

En una solitaria pared, estaba en el centro su pintura. La mujer con cuello esbelto y corona adornaba parecía mirar a cada uno de los que comían y daba un aire elegante al lugar.

Alrededor de ella, algunos se acercaban a la pintura para observar mejor los trazos.

—No puede ser…

—Algunas personas solo vienen aquí para observar tu pintura. Y ya que están aquí piden cualquier comida para pasar el rato, lo que hace a las ventas dispararse cómo locas—tapó su boca ocultando parte de su rubor—. Nadie podía creer que la familia Becka tuviera éxito en el arte.

Kathy lentamente comenzó a negar, aún impresionada de que por primera vez su arte sea aceptado y admirado. No sabía como sentirse, pero Ara le ahorró el trabajo de tratar de entenderlo.

—Por eso, estoy muy agradecida contigo. Mi madre también llegó y no pudo creer el flujo de personas que había, por lo que me pidió que inmediatamente contactara a la artista para que se reúna con ella y darle las gracias personalmente.

—Gracias a ustedes por darme la oportunidad y eso es muy amable de su parte—Kathy miró y no había nadie cerca—. ¿Dónde…?

—Mira, ahí viene.

La mandíbula de Kathy se dislocó para caer e ir a parar a la calle en la otra acera. 

—Buenas, encantada. Soy la madre de Ara ¿Cómo estás?

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