Alexander retiró sus dedos de mi interior con una lentitud que hizo que contuviera la respiración. Un sollozo ahogado escapó de mis labios. Me sentí rara cuando invadió mi interior, pero me sentía el doble de extraña ante la ausencia de sus dedos.
Era demasiado extraño y nuevo para mí.
Respiré hondo, permitiendo que el aire llenara mis pulmones y que el temblor de mis extremidades se calmara un poco. Mis lágrimas seguían cayendo, pero ahora eran silenciosas, de puro agotamiento y de la te