Vir se levantó de repente, haciendo que la cama crujiera. Violetta, que ya estaba recostada con el camisón medio abierto, dejando al descubierto sus hombros y parte de su pecho blanco y terso, se sobresaltó. Tanteó el colchón buscando a su esposo, que de pronto se había apartado de ella.
—¿Vir? ¿A dónde vas? ¿No dijiste que…? —la voz de Violetta quedó suspendida, cargada de decepción y confusión.
Vir tomó la camisa negra que había dejado sobre la silla y se la puso sin abotonarla, dejando expue