Violetta se cubrió la nariz al percibir aquel olor metálico que le revolvió el estómago.
—¿Qué es este olor? ¡Huek! Parece… sangre. ¡Me dan náuseas!
Vir se sobresaltó. Mierda, Violetta percibió el olor, pensó.
Su instinto reaccionó de inmediato. Tomó el frasco de perfume Tom Ford que estaba sobre el tocador y se roció brutalmente por todo el cuerpo. El intenso aroma a tabaco y madera invadió la habitación al instante, intentando cubrir el hedor residual de la tortura de hacía un momento.
—¡Ugh!