Dentro del baño de aquella lujosa suite, Valerie temblaba frente a un enorme espejo con marco dorado. Sus dedos pálidos rozaban la lencería roja escarlata, tan fina que apenas ocultaba algo de su cuerpo.
El sonido del agua cayendo en el lavabo parecía convertirse en la música de fondo de sus sollozos ahogados. Se cubrió la boca con la mano izquierda, asegurándose de que ni un solo gemido escapara y llegara hasta los oídos de Vannesa en la habitación principal.
—Dios... ¿qué he hecho? —susurró c