La tenue luz de la lámpara de escritorio proyectaba largas sombras danzantes sobre las paredes del despacho. Esperanza permanecía inmóvil en el umbral de la puerta, con los ojos abiertos de par en par al ver el recorte de periódico que ahora sostenía Vir entre las manos. El ambiente dentro de aquella habitación se volvió helado, más frío incluso que el viento nocturno que recorría las calles de Paseo de la Reforma.
—¿De qué estás hablando, Vir? Ya es muy tarde. Será mejor que regreses a tu habi