La atmósfera en la mesa del comedor de la Hacienda Alejandro aquella noche se sentía tensa y rígida, aunque el delicioso aroma de las Enchiladas Verdes y el Arroz Rojo llenaba toda la estancia. Jacinta había preparado todo a la perfección para recibir a su esposo, quien acababa de regresar con el alma hecha un caos. Sirvió una taza de café caliente en la porcelana de Alejandro con una sonrisa dulcemente forzada.
—Bebe primero, cariño. Te ves muy cansado hoy. El trabajo en la oficina debe habert