En una de las habitaciones tenuemente iluminadas de la hacienda, Jacinta y Valerie estaban sentadas frente a frente con expresiones tensas. Sobre la mesa de caoba había varios pasaportes y montones de dinero en efectivo esparcidos. Estaban elaborando un astuto plan de escape.
—No tenemos otra opción, Valerie —susurró Jacinta mientras acomodaba el dinero dentro de un bolso de cuero—. Si Jason viene a buscarte como reemplazo de Violetta, tendrás que fingir que estás gravemente enferma. Ya preparé