14. La Misma Herida
Vir ya estaba impecablemente vestido con una camisa negra cuyas mangas llevaba remangadas hasta los codos. Caminó hacia la puerta de la habitación, pero se detuvo al ver que Violetta seguía de pie frente al tocador. La joven tanteaba la superficie de la mesa antes de tomar un peine. Parecía intentar arreglar su largo cabello negro mientras, de vez en cuando, dirigía el rostro hacia el gran espejo frente a ella.
Vir soltó un resoplido y luego una pequeña risa cargada de desprecio.
—Oye, ¿acaso n