Ernesto se perdió en la mirada de la chica, su corazón clamaba por hacerla suya, sin importar nada más que ambos. Se retiró el collarín, y acercó sus labios hacia su cuello y la besó.
Aranza jadeó ante su tacto, comenzó a desabotonar los botones de su pijama, quedando desnudo su dorso, ante él. Ernesto se aclaró la garganta, con su mirada recorrió la desnudez de su piel.
—Eres tan hermosa —dijo con la voz fragmentada. No podía creer lo que estaba por suceder entre ambos, no lo tenía planeado, e