Ernesto tomó del estuche el hermoso anillo en oro blanco, todo el aro, estaba rodeado de pequeños diamantes incrustados, siendo coronado por un gran piedra, de hermosa luminosidad. que resplandeció al tomarlo para colocarlo en el dedo anular de Aline.
Ernesto dio un par de giros sosteniéndola, entre sus firmes brazos, acercó sus labios los de ella y la besó con fervor, entonces continuó cantando la última frase:
«Pasarán más de mil años, muchos más, yo no sé si tenga amor la eternidad, pero all