Capítulo 18.
Después de que comieron Aranza llevó a recostarse a Aby, quien estaba cabeceando cuando comía.
—Descansa mi pequeña. —Besó su frente y regresó con Ernesto, quien acababa de recoger los platos y estaba encendiendo la chimenea.
—Leíste mi pensamiento —Aranza expresó—. Comienza a hacer frío.
—Así es —respondió y sonrió al encender el fogón.
Aranza tomó asiento en la sala, lo siguió con su mirada hasta que se acomodó junto a ella. Inhaló profundo su aroma y cerró sus ojos, recargando su cabeza sob