Mundo ficciónIniciar sesiónNorton ya no podía demorarse más en Oahu y se marchó esa misma tarde, luego de hacer jurar a Finnegan por todos los evangelios que lo llamaría si era necesario.
Cuando regresaron del aeropuerto, Finnegan le tendió una cerveza a Stu.
—Al fin solos —dijo con un guiño cómplice.
Stu asintió y se sentó a la mesa de la cocina con un suspiro. La computadora estaba allí, cerrada, pero ni siquiera la miró. Cecilia no estaba conectada: intentaba recuperar las horas de sueño que él







