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—Stu… Stewart, ¿estás ahí?

Él gruñó por respuesta y bajó la tapa de la computadora de un manotazo. Pero eso no la apagó, ni acalló la voz que volvió a buscarlo.

—Vamos, Stewart, háblame por favor. ¿Qué demonios está sucediendo? Estaba durmiendo como una marmota cuando te escuché. ¡Era tu voz, bien clara en mi sueño! Y me llamabas como si estuvi

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