Capítulo 40. En camino a la trampa
El aire en el centro de control de Lucifer D’Angelo ya no estaba cargado de whisky y rabia autodestructiva, sino de un silencio más peligroso: la calma absoluta que precede a una tormenta nuclear. Había purgado la desesperación de su sistema y la había reemplazado con la única cosa que nunca lo había traicionado: la lógica.
Lucifer estaba de pie frente a la pared de monitores, que mostraban ahora un mapa topográfico en lugar de imágenes de vigilancia en bucle. Su rostro estaba duro, cincelado