74. Voy a volver
Anabel
El sonido del portazo aún parece vibrar en las paredes cuando Marcelo se va.
Durante unos segundos no soy capaz de moverme.
Me quedo de pie en medio de la sala, con la mirada fija en la puerta, como si en cualquier momento fuera a abrirse otra vez y todo lo que acaba de pasar fuera a repetirse.
Pero no ocurre.
El silencio cae sobre la casa, pesado, incómodo, casi irreal.
Y entonces lo siento.
El golpe.
No físico, no esta vez.
Pero sí ese que se queda clavado en el pecho, en la garganta,