73. Más hombre que tu
Anabell
Aún no puedo creer que Marcelo esté aquí, mucho menos las palabras que acaban de salir de su boca, ha venido a comprar la casa. No sé cuáles son sus intenciones ni mucho menos si debe eso importarme ahora.
Lo miro y noto como sus ojos recorren la casa detrás de mí con curiosidad antes de regresar a mi rostro.
—¿No vas a invitarme a pasar?
Por un momento estoy tentada de cerrarle la puerta en la cara.
La imagen de hacerlo es tentadora, casi reconfortante.
Pero entonces recuerdo algo impo