88. Te perdono
Gael
El silencio del camerino no es tranquilo.
Es denso.
Pesado.
Como si el aire mismo supiera que lo que va a pasar después de que esa puerta se abra… no tiene marcha atrás.
Estoy sentado frente al espejo, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas, mirando mi reflejo sin verlo realmente. La pantalla del televisor en la pared está encendida, pero en volumen bajo, mostrando el programa en el que en cuestión de minutos voy a salir… a decir todo.
Todo.
Respiro hondo.
Y el air