92. Nuevo comienzo
Anabell
El sonido del mazo resuena en la sala, seco, firme, definitivo, y por un instante todo se queda suspendido en un silencio que parece más grande que el lugar mismo. Estoy de pie, con la mirada fija al frente, pero no estoy sola. Ya no. Siento la mano de Gael entrelazada con la mía, cálida, firme, sosteniéndome sin necesidad de palabras, y al otro lado Mel aprieta suavemente mi brazo como si temiera que en cualquier momento todo esto pudiera desaparecer. Pero no desaparece. Esta vez no.
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