Desperté como quien emerge de una profundidad helada, lenta y torpemente, parpadeando hacia una claridad tenue que no reconocí al instante. Mi cuerpo, pesado, parecía hecho de plomo. Por un segundo, la memoria fue un animal acurrucado en la oscuridad, reacio a moverse.
Y luego… volvió. Todo.
Mi confesión, mi quiebre, mis manos aferradas a la camisa de Kaiden como si dependiera de ello mi vida.
Me incorporé bruscamente, el corazón latiéndome en un caos sin orden. Pero la habitación estaba silenc