Narrado por Kaiden:
La noche en Wolfcrest siempre tenía un peso distinto. No era el silencio absoluto. Era un silencio vivo. Un mosaico de sonidos que yo, podía desentrañar: el crujido de las ramas de los robles, un aullido lejano. Y, más cerca, los sonidos de mi propia casa: la respiración profunda del personal de servicio dormidos en el ala oeste, el leve tictac del reloj de péndulo en el vestíbulo, la caldera en las entrañas de la mansión.
Pero por encima de todo eso, flotando como un fanta