El nuevo gel de baño era un capricho tonto. Lo vi en el estante del baño, una botella pequeña que Elara debe haber dejado para mí. Olía a vainilla y a algo parecido al coco, un aroma dulce y sencillo, muy distinto al jabón neutro y sin perfume que solía usar. Después de la intensidad de los últimos días —la confesión, el libro escondido, la mirada de Kaiden diciéndome que yo le traía calma—, necesitaba algo simple. Algo que me recordara que todavía podía elegir algo para mí, por pequeño que fue