—Claro. Nunca han confiado en mí. Seguramente piensan que soy ingrata después de tantos años bajo su techo. Tal vez creen que no acepto haberlo perdido todo dentro de la familia Gibson. Que sigo resentida. Y seguro creen que todo esto ha sido un malentendido, que Marcia está lidiando con sus propias batallas, ¿no?
Sus palabras dejaron a Eva y Efraín paralizados. Eva, todavía de rodillas, la miraba como si no reconociera a su propia hija.
—Rubí… por favor, ya basta…
—No. Escuchen bien. A partir