—¿Pero por qué hay tantos... regalos? —preguntó Rubí, atónita.
—Se acerca el Año Nuevo —respondió Marcus con calma, dando un paso más cerca—. Son para ti.
Asintió levemente con la cabeza y añadió:
—Ábrelos. Quiero que los veas.
—¿Tantos? —repitió Rubí, aún sorprendida.
—Son veinte —dijo él—. Uno por cada año perdido.
Rubí sintió un nudo en el pecho. Aquellas palabras la golpearon con fuerza. Su corazón latía con una mezcla de alegría y tristeza. Quiso negarse.
—Marcus, yo…
—Ábrelos —la interrum