Este asunto no podía tratarse de manera imprudente ni apresurada. Requería una planificación meticulosa y a largo plazo.
Cuando Rubí escuchó las palabras de Noah, suspiró aliviada. Entonces él volvió a tomar el teléfono y, con un tono grave, le dijo:
—Rubí, tengo una pregunta que necesito hacerte.
Rubí, con la voz aún ronca y cargada de tristeza, respondió:
—¿Qué es?
—Sé que quieres detenerme porque te preocupa mi seguridad y no deseas implicar a otros —Noah suspiró, lleno de impotencia—. Pero