Rubí apartó la mirada de la estantería con rapidez y dijo con voz calmada:
—Vamos.
Ambos regresaron a la habitación. Ella fue directamente al baño, se lavó el rostro y se aplicó un poco de loción. Al salir, encontró a Marcus de pie frente al balcón de cristal, con la mirada perdida en el exterior. Su silueta, recortada contra la tenue luz de la ciudad, transmitía una mezcla de serenidad y melancolía.
Rubí dudó un instante, pero finalmente se acercó y, con cierta timidez, murmuró:
—Lo siento… ho