—¿Por qué te preocupa tanto saber a quién me gusta? —Marcus arqueó una ceja, con un atisbo de burla en la voz—. ¿Acaso… estás celosa? Rubí, ¿te gusto tanto?
La mente de Rubí trabajaba a toda velocidad, imaginando mil cosas. Marcus, sentado al borde de la cama, se quitó los zapatos con calma y se deslizó hacia el centro. El ligero aroma masculino que lo acompañaba la envolvió de inmediato. La luz de la lámpara dibujaba su figura alta y proyectaba una sombra imponente sobre ella. Desde arriba, la