Mientras Valeria estaba en la habitación, el llanto era descomunal. Se había arrojado sobre la cama, intentando conciliar el sueño, pero era imposible. Su corazón estaba destrozado, y la sensación de ser una estúpida por haber creído en algo más profundo la carcomía desde dentro.
Por su parte, Alexander se encontraba en el despacho de su piso, aún enojado. Intentaba poner en orden sus ideas, pero su mente era un tornado descontrolado. Lo que antes era orden, ahora era un desastre de pensamient