—No le hagas caso, ¿de acuerdo?
Valeria solamente asintió otra vez, incapaz de articular palabra. El hombre la liberó de su agarre. Después, como si nada hubiera pasado, y con ambas manos metidas en los bolsillos de su pantalón a la medida, le dijo con voz baja;
—Y prepárate. Mañana iremos a comprar algunas cosas para los bebés.
—De acuerdo —fue lo único que ella declaró, antes de salir de la oficina sin aviso, con la cabeza gacha.
Cuando estuvo en la cama, sola, se recriminó haber entrad